Blog: El Tejido de Mariana || Marina “la mamá más perfecta”.

Marina “la mamá más perfecta”.

Marzo 2018

A sus cuarenta y ocho años Marina es mamá de tres adolescentes, Juan Pablo de diecinueve, Julián de diecisiete y María Luisa de quince. Hace cuatro años Juan Pablo llegó a casa oliendo a cigarro y fue un día terrible. Me cuenta que siempre se esforzó por ser “la mamá más perfecta”. Tuvo la idea de que si hacía todo lo que los mejores libros y cursos le dictaban sus hijos serían sanos, estudiosos, educados, etc. La noche que su hijo la saludó con ese olor ella se enojó, lo regañó y castigó. Después fue a su cuarto y le gritó a Martín su esposo que necesitaban vigilarlo más. Se encerró en su baño y después de vociferar alguna que otra grosería empezó a llorar. Unos minutos después me llamó diciéndome que necesitaba platicar. Me sorprendió su llamada ya que siempre era al revés. Yo le llamaba y me daba los mejores consejos sobre maternidad.

Desde que le contesté gritó maldiciendo a Juan Pablo y su grupo de amigos. El tono de su voz fue cambiando fue bajando hasta que escuché su voz quebrarse y decir: “¿Qué hice mal?”. El cigarro de Juan Pablo se convirtió en un tormento para ella. Claro que le preocupaba la salud de su hijo, pero también se cuestionaba si se había equivocado en todos sus esfuerzos. Me sentí muy conmovida al escucharla. Algunas personas pensarán “¿Todo este drama por un cigarro?”, otras “Que barbaridad, tanta información que mal lo educó”. Yo prefiero no juzgarla.

Soy una mamá que al igual que ella quiero lo mejor para mis hijos. Les dedico tiempo y esfuerzo para llevarlos por el que considero el mejor camino. Como muchas mujeres me he creado una imagen de cómo serán sus vidas si sigo al pie de la letra los pasos que me recomiendan. Sin embargo la adolescencia me confrontó, al igual que a Marina, con que no todo en el desarrollo se da “by the book”. Para mí las lágrimas de Marina fueron la señal de una mamá que se siente vulnerable. Su culpa me recordó la responsabilidad que a veces me abruma. La vergüenza que sentía por no haber hecho un “buen trabajo” me abrió los ojos a lo frágil que puede ser la autoestima cuando la basamos en ser “la mamá más perfecta”. Ya pasaron los años y Juan Pablo no volvió a fumar pero si ha dado el ventanazo. Julián ya llegó una noche oliendo a cigarro y María Luisa reprobó una materia por pensar en su novio. Sin embargo su mamá ya no es la misma.

La experiencia transformó a Marina. Pudo dejar ir la expectativa que tenía de ser ¨la mamá más perfecta”. Su enfoque cambió exigirse a sí misma ser lo que los demás piden hacia ver quien es cada uno de sus hijos y lo que necesitan de ella. Nuestra amistad creció cuando pudimos intercambiar alegrías y tristezas. Ya no solo recibo consejos de Marina, ahora recibo su apoyo y nos hacemos compañía contándonos chismes, chistes, alegrías y tristezas. Hoy sus hijos disfrutan de una mamá que lee y estudia pero también los escucha y reflexiona. Tienen una mamá que llora más pero también ríe. Están felices de tener una mamá que se transformó de intentar ser “la más perfecta” a una mamá que está presente y siempre buscando ser “consciente”.



Mariana García Quintana © Copyright. Todos los Derechos Reservados. Marzo 2018



Mariana García Quintana | Blog

By Mariana García Quintana

Madre, esposa y psicóloga clínica por la Universidad Iberoamericana, con una maestría en Psicoterapia Gestalt, estudios en Psicoterapia de Arte, Mind Body Medicine, Psicología Profunda, Coaching y Teología.

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